Durante años, fui empresaria del sector textil. Recuerdo aquella época llena de prisas, de dolores de cabeza, ansiedad, cambios de humor… Vivía en un estrés continuo, mis jornadas laborales eran interminables. Llegaba a casa agotada, solo tenía ganas de meterme en la cama. Mi marido y mi hija desatendidos y los amigos abandonados. Cuando me llamaban para quedar no tenía fuerzas, mi vida era: trabajo, trabajo y trabajo.