Tras la operación bikini, llega la operación flotador, la operación turrón, la de Semana Santa… Nos pasamos la vida haciendo operaciones y no aritméticas precisamente. ¿Por qué dejamos de comer para luego ponernos las botas?¿Lo hacemos solo para lucir palmito en redes sociales? ¿Somos conscientes de los problemas de salud que conllevan los cambios bruscos de peso? ¿Por qué ser esclavos de las dietas y de nuestra imagen? Después de las vacaciones seguro que has cogido algún kilo (de 2 a 5 kg según la media). Unas patatas fritas por aquí, una cerveza por allá y al final del verano llevas puesto un flotador. Los michelines rodean tu cintura y es momento de quitarlos. En fin, como dice el refrán: “a lo hecho pecho”. No es hora de lamentos sino de poner soluciones.